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7.11.11

Experiencias de liberación de las mujeres guaraní cautivas


La liberación de la gran parte del pueblo guaraní en la situación de servidumbre y trabajo forzoso se dio principalmente en el marco del proceso de saneamiento y recuperación de su territorio ancestral. Sin embargo, hay que destacar la iniciativa de compra de tierras, efectuada por algunas instituciones, hecho que viabilizó reasentamientos de algunas comunidades y familias cautivas.

En los años 90 la Iglesia católica y algunas organizaciones no gubernamentales, como el Centro de Investigación y Promoción del Campesinado (Cipca) y Medicus Mundi, promovieron la idea de la liberación de las familias cautivas mediante la compra de tierras. La iniciativa fue desarrollada durante la nueva etapa de las reivindicaciones de los pueblos indígenas y campesinos, en el contexto de la primera marcha por la tierra y territorio en 1990. Este proceso, acompañado por el traslado, reasentamiento y establecimiento de servicios básicos, benefició a alrededor de 500 familias del Chaco chuquisaqueño y cruceño. Sin embargo, la experiencia también tuvo consecuencias negativas. El diagnóstico “Servidumbre y empatronamiento en el Chaco”, uno de los documentos más importantes respecto a este tema, menciona que los proyectos desarrollados premiaron y convalidaron todos los abusos y graves vulneraciones de derechos provocados por patrones y hacendados, quienes, al no ser sujetos de ninguna acusación o imputación formal, quedaron libres de responsabilidad por los graves actos cometidos contra la población guaraní. Es decir, se coadyuvó a la impunidad de los patrones y hacendados, manteniendo intocado el régimen latifundista cuestionado y el sistema de servidumbre y cautiverio que aún persiste en la región (1).

Mi esposo me dijo “salgamos de una vez”. Nos avisaron que los Médicos Mundi han comprado esta comunidad (Comunaria de Iviyeka, CAP).

Los testimonios recopilados reflejan la valentía y fuerza de voluntad que permitió a muchas familias empatronadas abandonar las relaciones de dependencia física y psicológica, aún sin contar con medios suficientes para sobrevivir por cuenta propia.

Las circunstancias que posibilitaron la liberación de cada familia en particular han sido diversas. En algunos casos los indígenas tomaban la decisión de salir por un acontecimiento violento (abusos sexuales, peleas, castigos físicos u amenazas del hacendado), que ha provocado el final definitivo de la situación de explotación. En otros casos fueron los factores personales, como la separación de la pareja, o enfermedad que determinaron la ruptura de la relación con el opresor.

A mi esposo lo han huasqueado y quería irse (Comunaria de Itakise, CCCH).

Yo paraba enferma también porque yo no podía trabajar y mi marido me llevó a otra comunidad Moreviti, Mi esposo me ha llevado por el tema de salud. (Comunaria de Caraparicito, CAP).
El hijo del patrón quería aprovecharse de mi porque yo era joven por eso yo me he salido. (Comunaria de la Colorada, CAP).

La vinculación orgánica y el apoyo logístico y económico de la organización fue en definitiva un factor decisivo que determinó la salida de las haciendas de muchas familias guaraní. A sabiendas de que cuentan ya con la tierra dotada y titulada, los indígenas podían hacer los preparativos para montar albergues provisionales e iniciar un arduo trabajo de construcción de un nuevo asentamiento con participación de toda la comunidad.

A los 16 años salí de la hacienda cuando fuimos al terreno que nos donó el INRA. Empezamos a hacer nuestra casita de barro y paja de materiales que nosotros pedíamos a cuenta del trabajo. No había que comer, solo el maíz y la cumanda que se trajeron de la hacienda, tenían chanchito también. Si el INRA no nos hubiese dotado o dado éstas tierras tal vez hubiésemos seguido en las haciendas (Comunaria de Laurel, CCCH).
A nosotros nos ha costado años para acabar la comunidad. Dos años estábamos en eso, lo hacíamos tanto mujeres hombres. Horas traíamos agua para hacer adobe, todas estas casas. Hombres traían paja, mujeres agua para remojar. Estábamos en las carpas, el viento se llevaba carpas, ropa, hemos perdido hartas cosas. (Comunaria de Itakise, CCCH).

Los de la organización lo han traído a mi esposo. Nos decían: “Los esperamos hasta que se animen, tomen decisión, como van a seguir trabajando para el patrón, él los está engañando, ustedes trabajan duro y no tienen nada”. Cuando venimos aquí no había nada, puro monte. Mis hijos se han quedado en la escuela de la hacienda y los cuidaba mi hija. Y yo aquí pasaba hambre. (Comunaria de Itakise, CCCH)

En otros casos la muerte del patrón marcaba el fin de servidumbre y el inicio de la independencia.

Se ha fallecido el patrón, ya pensamos trabajar para nosotros no más (Comunaria de Arenal, CAP).

Las mujeres libres señalan una serie de obstáculos y dificultades que les impiden llevar una vida digna y proyectarse hacia el futuro. La más preocupante es un elevado índice de desnutrición, resultado de bajos ingresos e insuficiente producción. La mayoría de las familias obtiene producción que apenas es suficiente para el autoconsumo y carece de condiciones que permiten comercialización e integración a los mercados locales y regionales. En caso de algunas comunidades una dificultad significante es falta de terrenos suficientes para la crianza de animales y escasez de tierras cultivables.

Las entrevistadas expresaron la necesidad urgente de apoyo de las instancias estatales para la resolución de estos problemas puesto que la falta de producción suficiente obliga a algunas personas realizar trabajos eventuales y temporales para los terceros

Los que salen para trabajar salen dos semanas una semana no más y después vuelven. No alcanza lo que se produce aquí, por eso tienen que salir. La tierra no produce tanto, no llueve entonces hay que salir a trabajar en otro lado. (Comunaria de Huaraca, CAP).

Estamos bien pero nos falta alimento porque no ha madurado bien el maíz. Mi marido y mis hijos tienen que salir para ganar plata en otros lados. A veces no hay nada para comer, pasamos hambre. (Comunaria de Itakise, CCCH).

Estamos bien pero no tenemos mucha tierra. De las 17 hectáreas que nos dotaron la mayor parte de la tierra es pura laja, pura peña, la tierra no sirve para cultivar. Por eso quisiéramos más tierras para sembrar (Comunaria de Laurel, CCCH).

Se marca como uno de los problemas más frecuentes la violencia intrafamiliar y los problemas ocasionados por el alcohol. Por otro lado, las mujeres mencionan el servicio educativo deficiente debido a la falta de infraestructura escolar adecuada y carencia de ítems para los maestros.

Uno de los problemas más serios sigue siendo la dificultad de acceso a los servicios de salud, resultado de escasos recursos económicos, carencia de vías de comunicación así como la inadecuada infraestructura, insuficiente cantidad de equipos médicos e insumos.
No obstante, muchas indígenas valoran por encima del bienestar material la paz y la tranquilidad que provienen de la vida en la comunidad, y que no podían experimentar anteriormente.

Estamos libres, antes todos los días teníamos que dejar nuestra casa ahora ya estamos tranquilos. (Comunaria de la Colorada, CAP).

Nos sentimos más tranquilas aquí, la casa era como alojamiento para nosotros, en cambio la casa ahora es de nosotros, cuando queremos vamos a pasear y visitar, estamos felices, antes los patrones nos preguntaban por donde andábamos. (Comunaria de Itakise, CCCH).

Estamos bien, mejor que antes. Antes no dejaban ni para dormir bien los patrones, ahora estoy tranquila. (Comunaria de Yaiti, CAP).

Aleksandra Bergier, Observatorio de Derechos Humanos y Conflictos Socioambientales
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Siglas
CAP: Capitanía de Alto Parapetí
CCCH: Consejo de Capitanes Guaraníes de Chuquisaca
Fuentes:
(1)Aipota aiko chepiaguive cheyambae, (Quiero ser libre, sin dueño). Defensor del Pueblo, Ministerio de Justicia Pueblos Indígenas y Empoderamiento, CCCH Monteagudo. La Paz, abril de 2006.

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