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6.10.11

Familias empatronadas en la zona de Alto Parapetí: la lucha por la liberación definitiva

Según los hallazgos de la investigación realizada por el CEJIS y su Observatorio de DDHH y Conflictos Socioambientales en 13 de las 17 comunidades de la Capitanía de Alto Parapetí hay aproximadamente 47 guaraníes empatronados (35 varones y 12 mujeres), cifra que constituye 2% del total de la población de esta TCO. Estas personas viven y trabajan permanentemente en los predios de los terceros, cercanos a las comunidades indígenas. También existe una cantidad significante de trabajadores eventuales, que realizan servicios u obras determinadas para uno o varios patrones o trabajan por temporadas, en épocas de siembra y cosecha. Esta población trabajadora fluctuante oscila entre 153 y 253 personas de los cuales solamente 2 son mujeres. El estudio evidencia que hay alrededor de 14 niños que trabajan en las haciendas ayudando a sus padres en quehaceres domésticos, cuidado de animales y obras de mantenimiento en la propiedad. Cuando se indaga sobre la situación de los pequeños algunos informantes indican que los niños no trabajan para los terceros, pero apoyan a los padres en las faenas que estos realizan en sus chacos familiares, otros afirman que hay casos de niños que trabajan en las haciendas, pero en su mayoría no ganan dinero. Según los testimonios recopilados, los niños que perciben remuneración ganan alrededor de 10 bs por día.
Las mujeres empatronadas se ocupan de quehaceres domésticos, crianza de animales y ordeño de vacas. Una de las mujeres entrevistadas en la Capitanía de Alto Parapetí realiza el trabajo de la administración de la fuerza laboral en la hacienda. Las pocas mujeres que realizan trabajos eventuales para los patrones se dedican al ordeño de vacas y cuidado de animales en las haciendas y ocasionalmente ayudan en las cosechas. Los varones trabajan en el campo de agricultura, ganadería y realizan obras de mantenimiento y de construcción de la infraestructura al interior de las propiedades. El tiempo anual que dedican los hombres al trabajo temporal para los terceros es entre 1 semana y 5 meses.
En la mayoría de las propiedades consolidadas por los terceros al interior de la TCO Alto Parapetí hay una familia guaraní que vive permanentemente en el predio. Según los insumos recopilados, durante los viajes que realizan los patrones, las familias indígenas quedan responsables de la administración de la propiedad. En algunos casos, los propietarios residen en las ciudades y dejan la administración de sus parcelas a cargo de los denominados “caseros”. Muchas familias empatronadas, aparte de la casa construida en la propiedad del patrón, cuentan también con un pequeño chaco y una vivienda dentro de una de las comunidades afiliadas a la capitanía.
Las propiedades con el mayor número de personas empatronadas es la hacienda cercana a la comunidad Huaraca donde viven aproximadamente 11 personas y la propiedad Parapetimi, cercana a la comunidad Tartagalito. No se cuenta con datos exactos, relacionadas con el número de personas empatronadas en la última hacienda, sin embargo según las estimaciones de los comunarios y dirigentes hay varias familias guaraní que viven y trabajan allí. Estas familias están organizadas bajo la modalidad de una OTB (Organización Territorial de Base).
De acuerdo a los testimonios recopilados en la CAP, las relaciones laborales al margen de la ley que existen en esta zona se expresan en la sobreexplotación del trabajo familiar que consiste en el trabajo de la esposa y los hijos/as en razón a la relación laboral del trabajador, con remuneración por debajo del salario mínimo y falta de contrato. Se han detectado también mecanismos de dependencia y retención como anticipos que son anotados en los cuadernos donde el propietario registra la deuda del trabajador.
Los participantes del estudio indican que las personas empatronadas pese a recibir sueldo, no cuentan con recursos suficientes para cubrir los gastos de su atención médica y debido a no ser asegurados contraen deudas con los hacendados por montos que superan enormemente su capacidad económica y afectan su sobrevivencia misma.
Si las personas que viven y trabajan en los predios de los patrones sacan el sueldo de 850 bs, por eso si es una deuda por gastos de atención médica se les va un sueldo completo porque no hay seguro médico. Se lo descuenta del sueldo el patrón (Mburuvicha comunal de Timboirenda, taller de socialización de la base de datos, 08.12.11).
Otro de los mecanismos de dependencia detectados es el préstamo en efectivo que han recibido los comunarios de Capirenda de uno de los patrones, por el monto de 5000 bs. El proceso de devolución de la deuda duró dos años.
Sacamos un préstamo del patrón para un proyecto apícola. Teníamos que poner una contraparte de 5000 bs. Había dos personas trabajando con el patrón y sacaron préstamo de él. Nosotros éramos socios, estuvimos trabajando todos para devolver la deuda, no hubo interés. Trabajamos haciendo alambrados, otros trabajos, tardamos para devolver la deuda dos años (Mburuvicha de Capirenda, taller de socialización de la base de datos, 08.12.11).
Existen todavía relaciones de padrinazgo “espiritual” entre los patrones y trabajadores así como entre los patrones y niños guaraní. Las mismas se expresan en la participación de los hacendados en las fiestas de bachillerato, primera comunión, confirmación y otras. Muchas personas que viven permanentemente en las haciendas representan la tercera generación de la misma familia que permanece en el predio del mismo patrón.
En el caso de las trabajadoras remuneradas la desigualdad en términos de género ha permanecido constante en las últimas tres décadas puesto que las mujeres siguen percibiendo pagos inferiores en comparación con los hombres. Las mujeres empatronadas de la zona de Alto Parapetí ganan entre 10 y 35 bs por día mientras el jornal promedio de los varones equivale a 35- 45 bs. La modalidad de pago comprende jornales, pago semanal o pago mensual, la mayoría de los trabajadores recibe comida y coca. Los trabajadores inician su jornada laboral a las 7 (8) de la mañana y la terminan a las 17.00 (18.00) en la tarde con la pausa de aproximadamente dos horas para el almuerzo
Según la percepción de las comunarias, en la mayoría de los casos el hombre es el único receptor de beneficios sociales en el caso de los patrones que cumplen con este requisito legal. Se ha detectado un caso excepcional en la comunidad de Huaraca en el cual la trabajadora cuenta con un seguro de salud.
Es importante señalar que el propietario del predio Itakay Huaraca sigue ejerciendo un control significante sobre los habitantes de la comunidad de Huaraca. Las condiciones laborales de los trabajadores mejoraron recientemente, a partir de la demanda de reversión de esta propiedad por razón de existencia de relaciones servidumbrales y de las inspecciones del Ministerio del Trabajo. Este factor obligó al propietario a implementar una estrategia para contrarrestar el proceso mediante el otorgamiento de los beneficios y garantías sociales a sus empleados. El caso de esta propiedad se encuentra impugnado ante el Tribunal Agroambiental a la espera de la sentencia final que va a determinar si la superficie será dotada a la TCO Alto Parapetí o consolidada a favor del tercero.
Los habitantes de las haciendas pueden asistir libremente a las reuniones comunales, sin embargo muchas no lo hacen por falta de tiempo (disponen de un día libre por semana) o por miedo de generar molestia al patrón. Sorprendentemente, una de las mujeres que vive en la hacienda ejerce un cargo de la delegada de PDA en la comunidad mientras que su marido ha ejercido cargos de responsable de producción y responsable del comité de agua. Algunas familias tienen dos viviendas- una en la comunidad y otra en la hacienda. Por otro lado, no se reportan casos de privación de libertad como medio de castigo, el derecho a la locomoción y circulación de los trabajadores no está siendo limitado.
Las familias empatronadas acuden a las postas de salud en las comunidades colindantes y disponen de mayor libertad que les permite desplazarse a lugares cercanos a la hacienda. No obstante, su acceso al tercer nivel de la atención médica (consulta ambulatoria de alta complejidad y de internación hospitalaria de especialidades y subespecialidades) sigue siendo obstaculizado por falta de recursos económicos y dificultades en el transporte. Indudablemente, en casos de emergencias las familias empatronadas dependen del transporte del patrón para recibir atención médica y de su buena voluntad en la cuestión de medicamentos. De acuerdo a algunos arreglos laborales informales, el propietario cubre los gastos de atención médica sin descuento salarial. En cuanto a la situación en el ámbito de educación, los niños y niñas que viven en las haciendas asisten a las escuelas comunales e incluso alcanzan superiores niveles de educación en los centros poblados cercanos.
Tanto los trabajadores permanentes como eventuales son víctimas de discriminación y exclusión de parte de los comunarios libres, acontecimientos que relatan con mucha vergüenza y dolor, enfatizando en la injusticia de los malos tratos que reciben, puesto que la pobreza en la que viven les imposibilita ser autónomas.
Algunos comunarios no comprendían ese tema del trabajo para el tercero, hay discriminación. A veces no alcanza, si uno no trabaja uno no come. En el tema de vivienda hace un año habían llegado calaminas, eso no se sabe donde se han llevado. Mi marido ha visto que había calaminas, herramientas, le decía a mburuvicha para que haga la solicitud para que traiga a las familias que no tienen vivienda. Yo hice la solitud y nos dieron 5 calaminas. Una señora de la comunidad dijo que nos tienen que sacar las calaminas porque nosotros somos empatronados. Quería repartirlas para otras familias que tal vez no las necesitan tanto.(Sara Rojas , propiedad cercana a la comunidad Timboirenda, zona de Alto Parapetí).

El estudio no ha evidenciado casos actuales de violencia física contra la mujer y abusos sexuales en las haciendas.
Al indagar sobre el ejercicio de los derechos culturales podemos encontrar una diversidad de prácticas tradicionales en las comunidades, desde las danzas tradicionales y uso de vestidos típicos en las fiestas religiosas y comunales hasta la elaboración de varios tipos de artesanía. Uno de los mayores problemas es la falta de maestros bilingües y la preocupación por la perdida gradual del idioma. Según la percepción de los informantes, la mayoría de las familias empatronadas no participa en las fiestas comunales aunque habla el idioma nativo.

Aleksandra Bergier, Observatorio de Derechos Humanos y Conflictos Socioambientales
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Fuente:
1. Base de datos sobre la servidumbre, conflictos y el proceso de reconstitución territorial del pueblo guaraní de la Capitanía de Alto Parapetí, CEJIS- ODPIB, Febrero de 2012, documento inédito.

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