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21.9.09

Colonos enviados a Pando no pueden hablar de su nueva vida

Los campesinos asentados por el Gobierno en el departamento de Pando no pueden conceder entrevistas a los medios. Sólo pueden hacerlo sus dirigentes, pero éstos no se encuentran en ninguna parte. Cuando se consulta a los recién llegados al norte del país por sus representantes, éstos se encogen de hombros y dan cualquier evasiva: salieron, no están, no sé, están por ahí…

Los asentados sostienen que no pueden hacer declaraciones y uno explica que “no tiene derecho a hablar” ni a conceder la entrevista a los periodistas porque “somos base y no dirigentes”. Se limitan a hacer algunos comentarios. Esconden su identidad.

Pese a que tienen alimentos y pueden procurarse otros, las condiciones de habitabilidad aún son precarias y el médico más cercano se encuentra a 30 y 55 kilómetros de los puntos de colonización.

El sábado 8 de agosto, un primer contingente compuesto por 380 personas llegó al aeropuerto Capitán Aníbal Arab, de Cobija. Se trataba de un primer grupo que llegaba para asentarse en un aserradero intervenido por el Órgano Ejecutivo dos semanas antes. Hoy es la comunidad Bienvenido Racua, nombre de uno de los caídos en la “matanza de Porvenir” el 11 de septiembre de 2008.

Un nuevo asentamiento previsto para efectuarse en el municipio de Puerto Rico, a unos 170 kilómetros de la capital pandina, está paralizado. El temor a la gripe A frenó los planes.

La torrencial lluvia caída desde las 20.00 del sábado hasta las 09.00 del domingo convirtió el camino que une Primero de Mayo con este nuevo asentamiento en un fangal tal que es imposible atravesar, pero La Prensa llegó hasta Naceve, distante a unos 220 kilómetros de Cobija, y encontró a los colonizadores en otros puntos y hay cosas para contar…

En Naceve están 38 de los 380 llevados al norte del país por el Órgano Ejecutivo.

Son unas siete familias las aposentadas en ese sitio. Nadie quiere dar datos, ni siquiera su nombre. Son afiliados a la Confederación Sindical de Comunidades Interculturales de Bolivia, antes llamada Confederación Sindical de Colonizadores de Bolivia, cuyo principal dirigente es Fidel Surco.

Juan Carlos Rojas, director del Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA), entrevistado por este medio, declaró: “No puedo responder quién o quiénes están prohibiendo que hablen, pero supongo que es un acuerdo que ellos han tomado internamente. Pero eso hay que consultar con ellos”.

Niega que alguien, desde el Gobierno, hubiera instruido callar a los colonizadores.

“Nosotros solamente desarrollamos el tema de tierra, eso es lo único que hacemos, sobre las otras cosas no tenemos ninguna atribución y mal podíamos estar dando instrucciones de que no hablen o de que no se contacten con otras personas y cosas por el estilo”.

Sin embargo, en Naceve, “Don Juan” es la persona de mayor edad y, por ello, sale al paso de los enviados. De tez morena y cabello entrecano, viste las ojotas típicas del altiplano o los valles bolivianos. Están elaboradas con llantas gastadas de automóvil y unidas por una gruesa correa de goma.

“Estamos aquí bien nomás. No nos podemos quejar. No queremos hablar porque vinieron otras televisiones y radios y dijeron cosas que no son verdad. Dijeron que no teníamos comida, que no teníamos medicinas, que no teníamos casas, muchas mentiras…”.

El hombre, de unos 45 años, se apasiona mientras habla y pone énfasis en sus palabras. Los hechos, sin embargo, parecen desmentirlo.

Unos pasos a su derecha, un adolescente sacia su sed, después de vaciar un poco de agua de un bidón amarillo de 50 litros. Primero enjuaga el recipiente en el que beberá y luego toma el agua.

La pregunta surge naturalmente, ¿de dónde toman el agua? La respuesta es inmediata: “De un arroyo que hay por aquí cerca. Es agua limpia, pero por si acaso la hacemos hervir”.

La siguiente pregunta no es necesario formularla: una mujer a su lado fríe unos pescados sobre un fogón en el que arden unos maderos secos. Hay leña apilada a un costado, dentro de una cabaña que aún no tiene las paredes laterales, aunque se observa ya la estructura de madera y el techo de hojas de motacú. Jatata le dicen en esta región y dicen que dura 20 años sin necesidad de reponerse.

Un rápido vistazo basta para darse cuenta de que, en las chozas, existen algunos catres metálicos armados sobre el suelo, que por la lluvia y la humedad reinante en la zona está completamente embarrado.

“Dijeron que los niños habían contraído enfermedades

—prosigue Don Juan—, pero nada de eso es verdad”, y señala a seis pequeños de entre tres y diez años de edad que juegan alegremente en el lugar.

Por detrás de él un hombre de unos 30 años, más fornido y que viste la polera de Boca Juniors, el popular equipo argentino de fútbol, se ríe al escuchar el diálogo entre el jefe de familia y el periodista.

Una revisión más minuciosa permite concluir en que las viviendas están en pleno proceso de construcción y que la vida tiene sus complicaciones en ese sitio. La colonia está ubicada a unos siete kilómetros de Primero de Mayo, el cantón más próximo del municipio de Santa Rosa del Abuná.

Cuando se consulta si algunas personas cayeron enfermas, dice que no. “Venimos de Independencia, provincia Ayopaya, Cochabamba. Allá también hay vegetación, mosquitos y otros animales, no tantos como aquí, pero estamos acostumbrados”.

Del fogón se eleva un delicioso aroma de pescado fresco recién frito. Manos hábiles lo han convertido en filetes sin espinas. Con destreza, la mujer

—de pollera roja, blusa blanca, trenzas negras y sandalias de plástico— echa sal y algunos condimentos a la sartén.

“Nosotros pescamos esta mañana hace poquito rato en el arroyo”, cuenta Don Juan al advertir la insistencia con que el periodista observa la sartén.

De pronto, en algún lugar del monte aledaño retumba el disparo de una escopeta. Es inconfundible el estampido y vuelan algunos pájaros negros con cola blanca.

Por un instante se silencia la selva del insistente concierto de los insectos, el canto de las aves y lo que deben ser los gritos de algunos monos.

Otra consulta obligada se refiere a saber si algunos colonos salieron de cacería. “Deben ser personas del lugar, los originarios, porque todavía nosotros no tenemos armas de fuego”.

Una media hora más tarde, el vehículo en el que se trasportaba La Prensa encontró en el camino a un cervatillo, que atraído por el ruido del motor se acerca para olfatear, antes de huir advertido por su instinto de supervivencia, pero será frágil presa de cualquier depredador. Seguramente, indica Carlos Autalio, el taxista, que los cazadores mataron a su madre. El animalito se internó en el monte y se perdió en la espesura. Unos kilómetros adelante, un joven, que va en bicicleta, lleva una escopeta en bandolera.

El puesto de salud más próximo a Naceve es el de Santa Rosa del Abuná, distante a unos 30 kilómetros del lugar. Ese centro es atendido por los médicos cubanos. “Está lejos, pero tenemos un botiquín”, responde Don Juan, quien no quiere ni mostrarlo ni dar a conocer más detalles sobre su contenido.

“Está allá”, dice y hace un movimiento de cabeza que bien podría referirse a unos pasos o unas leguas de distancia.

Consultado sobre el número de personas desplazadas a la región amazónica, el Director del INRA sostiene que se siguen los procesos con los que empezó el programa. “Ya delimitadas las comunidades, se ha incrementado el número de familias, se avanza con los proyectos de los distintos ministerios y por eso es que le digo que a mano no tengo en este momento una información muy precisa”.

Programa “Evo Cumple”

En Primero de Mayo está estacionada una de las ambulancias del programa “Bolivia Cambia, Evo Cumple”. Es el auxilio más próximo, pero está cuando menos a dos horas de camino y bajo el calor puede ser más tiempo todavía. No hay servicio público de transporte en la zona.

No hay mobiliario aún, unas troncas caídas, como consecuencia del desbrozado del terreno, sirven indistintamente como sillas, mesas y alacena, encima de las cuales se colocan alimentos y otros productos.

Su máximo motivo de orgullo es, sin embargo, una cabaña que aún está en esqueleto. Es más grande. “Será la escuela”. Unas gallinas que corretean por todo lado anuncian que la gente que vino tenía la intención de quedarse, aunque algunos se fueron.

Hay dos jóvenes de entre 20 y 25 años que tampoco quieren a dar a conocer su identidad y a quienes se encontró poco antes entre el aserradero que da nombre a la zona (Naceve). Uno de ellos indica: “Esto ya no es para nosotros. Esto es para quienes están enamorando y quieren formar su hogar, pero cuando ya tienen familia y cosas, esto no les atrae”.

El entrevistado dice ser de Vinto, Cochabamba, y con su compañero, que asiente con la cabeza en silencio, afirma que se siente feliz por haber encontrado un trabajo eventual en la factoría de madera.

Don Juan afirma que fueron 380 personas quienes llegaron en una primera fase y otras 200 posteriormente. Nunca se sabrá cuántas se fueron por su propia voluntad, cuántas dijeron que iban a volver junto con sus familiares y cuántas, sencillamente, desertaron.

El representante de la comunidad jura que sólo son cinco quienes optaron por el camino del regreso, pero hay otras versiones que dan cuenta de que al menos un centenar, casi la quinta parte, regresó a sus pagos.

“Le estoy diciendo la verdad —insiste—. No tengo por qué mentirle. Estamos bien, no tenemos problemas”.

El diálogo se torna más familiar conforme pasan algunos minutos. Ya un círculo de unas ocho personas se ha formado en torno al periodista y la advertencia llega al reportero gráfico: “Lo que no podemos permitir es que saquen fotos”.

El fotoperiodista vuelve al camino y desde allí ensaya unas tomas. Son las únicas que se pueden obtener del sitio, que es la segunda colonia, pues a la primera es imposible acceder y para colmo, en medio del lodazal, un árbol caído en medio del camino cierra toda intención de ingresar.

En Naceve, la entrevista avanza poco a poco. Todos admiten con un murmullo de voz que los lugareños “son buena gente, nos han recibido bien, no nos ayudan, pero tampoco nos perjudican”.

Incluso, tres de ellos han sido invitados para participar en el campeonato de fútbol que ayer cerca del mediodía se desarrollaba en la cancha de Monterrey, a unos 20 kilómetros del lugar. Los colonos comienzan a integrarse con la gente que reside en esa alejada zona de los centros urbanos más importantes de Bolivia.

En Primero de Mayo, que está localizado en una bifurcación de la ruta, desde el viernes se halla un equipo móvil de la Corte Departamental Electoral de Pando que incluye a la población dispersa de la zona en el padrón biométrico. El registro de ciudadanos se llevará a cabo hasta este lunes por la tarde y el equipo partirá después hacia Santa Rosa del Abuná.

Don Juan refiere que “eso nos preocupa, hasta ahora no nos han registrado para votar, ni a nosotros ni a los de Bienvenido Racua”. El responsable del punto de empadronamiento confirma aquella versión. “Los colonos no vinieron y nosotros no iremos hasta allá. No está en nuestro recorrido”.

Mientras tanto, los campesinos llevados por el Órgano Ejecutivo demarcan las que serán sus propiedades.

En Monterrey, La Prensa intenta entrevistar a uno de los invitados para jugar fútbol. El hombre es hostil, lee la identificación del periodista durante unos cinco minutos y después declara: “Nosotros somos bases, no tenemos derecho a hablar, hable con los dirigentes. Yo no sé nada y no quiero hablar tampoco”.

Cuando se le insiste, el hombre recoge, en silencio, sus implementos deportivos que lleva en una bolsa de nailon grueso y se va sin dar mayores explicaciones. Sus dos compañeros lo siguen en silencio.

En Puerto Rico plantan carpas de campaña

En camino a Puerto Rico, donde dicen que se prepara otra colonia, a un costado del Regimiento 35 de Infantería Bernardino Racua, Antalio, el guía, cuenta que hace tres semanas llegó al lugar con un ciudadano brasileño que iba a comprar madera.

Allí, al retornar, llevó a tres hombres que salían de Bienvenido Racua, la nueva comunidad.

Otros tres llegaron a Cobija y con ayuda de personas de buena voluntad reunieron los 750 bolivianos que cuestan los tres boletos en flota Yungueña para viajar a La Paz.

Desde la sede del Gobierno, a donde llegarán este martes si las condiciones climáticas lo permiten, deberán retornar por su cuenta al Chapare.

Y en Puerto Rico, efectivos militares aplanaron con maquinaria pesada un terreno de unas diez hectáreas, donde plantaron carpas de campaña, como las que paulatinamente se dejan de utilizar en los dos primeros campamentos para recibir a otras personas.

Sin embargo, y a pesar del compromiso del Gobierno en sentido de que nada detendría el plan de asentamientos, la epidemia de gripe A impidió la llegada del nuevo contingente. Uno de los conscriptos confía en voz baja ese secreto.

Y como todo en el lugar es verdor que contrasta con el tono rojizo de la tierra, en menos de tres semanas el área aplanada se cubre nuevamente de pastura y las tiendas de campaña fueron levantadas.

El Órgano Ejecutivo afirmó que, pese algunos problemas en el traslado de gente, el proceso continúa para poblar el norte boliviano y evitar que los recursos naturales continúen siendo saqueados. Según una autoridad del INRA, cada ministro tiene una labor que cumplir en la región pandina.

El proyecto del Gobierno

La Prensa intentó en varios puntos hablar con la gente pero existe desconfianza y temor.

Muchas familias esperaban recibir unas 100 hectáreas de terrenos, pero por ahora sólo tienen 75.

Las mujeres preparan los alimentos con pescado de la región, que son fritos en sartenes.

Consumen agua de un arroyo cercano a la colonia, la que hacen hervir para evitar infecciones.

Un contraste de modernidad se observa en chozas, donde pese al lodo han instalado catres de metal.

Varias rutas de las colonias son inaccesibles por el lodo y árboles que las bloquean.

Muchas de las viviendas son precarias, pero el esfuerzo y esperanza suplen dicha falencia.

Han encontrado empleo en el aserrado que ha sido tomado por los colonos cochabambinos.

Más datos

El médico más cercano está a 35 y 55 kilómetros de los puntos de colonización.

Los militares utilizan maquinaria pesada para explanar un terreno de diez hectáreas.

Muchas parejas jóvenes han sido llevadas hasta las colonias para iniciar una nueva vida.

http://www.laprensa.com.bo/noticias/21-09-09/noticias.php?nota=21_09_09_alfi1.php

 

 

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