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27.11.11

Relatos de las mujeres cautivas: régimen servidumbral


Las indígenas guaraní que salieron de la situación de servidumbre relatan sus experiencias


Según los testimonios recopilados, las mujeres guaraní cumplían diferentes roles laborales dependiendo de su edad. Por lo general, se incorporaban al régimen servidumbral entre 8 y 14 años, desempeñando funciones de niñera o ayudante de la cocinera u ocupándose de la crianza de animales.

Al alcanzar la edad adulta asumían múltiples responsabilidades al mismo tiempo, lo que implicaba la permanente sobrecarga laboral y la imposibilidad de atender adecuadamente las necesidades de sus propias familias. Algunas mujeres realizaban tareas domésticas en la casa del patrón, donde sus principales obligaciones incluían cocinar, poner la mesa, lavar los servicios, servir comida y limpiar. Adicionalmente, tejían y fabricaban artesanalmente vestimenta y objetos domésticos para el uso personal del patrón y su familia.

Las trabajadoras de campo ayudaban a los hombres en la siembra, cosecha, amontonamiento y selección de los productos, haciendo labores que sobrepasaban sus condiciones físicas. Luego de terminar el trabajo en el chaco, se quedaban largas horas desgranando maíz, maní o escogiendo ají. Según la percepción de las entrevistadas, la carga laboral era igual para los hombres que para las mujeres, e incluso mayor considerando labores que desarrollaban en sus casas. No obstante, las mujeres percibían ingresos considerablemente menores.

Igual cosechábamos, maní, cumanda, poroto, traíamos la cosecha pesada en la cabeza. Teníamos que llenar costal y llenito traerlo y si no era lleno no nos pagaban. “Y apenas se están ganado comida”- nos decían. Las wawas los poníamos en la espalda y salíamos a trabajar. Los patrones nos decían que somos flojas, que no hacemos nada. (Comunaria de Itakise, CCCH).

Un ejemplo relevante es la experiencia de una de las comunarias de Caraparicito, cuyo testimonio refleja el volumen y la intensidad del trabajo realizado por las mujeres en las haciendas:

El trabajo forzoso era cuando cargábamos el camión, nosotros subíamos al tráiler el maíz. Las mujeres teníamos que llenar el tráiler, no eran los hombres. Hasta los chicos los hacía trabajar el patrón. Otro trabajo pesado era carpir, carpíamos el chaco, les ayudábamos a los hombres. Los chicos también carpían, todo nos hacía este hombre. El trabajo en la cocina era trabajoso, cocinaba yo solita para todos. Hasta las 6 o 7 me quedaba en la casa del patrón. Era trabajar ahí de 6 a 6 y cuando tenía visita teníamos que quedarnos hasta las 10 de la noche, eso no más era.


El tipo del trabajo desarrollado tenía correspondencia con ciertos privilegios y las condiciones de vida de las mujeres empatronadas. Las que trabajaban como empleadas domésticas (cocineras, sirvientas, niñeras) constituían un grupo relativamente cercano a los hacendados. Habitualmente recibían el mejor trato y tenían la posibilidad de acceder a mejor alimentación y hasta comer junto con la familia del patrón. Las trabajadoras de campo y las cocineras de los peones no gozaban de los mismos beneficios.

Las mujeres cautivas no conocían descanso y aprovechaban el escaso tiempo libre del que disponían para cocinar para sus familias, o trabajar en pequeños chacos familiares si es que el patrón les concedía permiso para cultivarlos. A parte de ello, el estrés y la presión generados por la deuda que tenían con el patrón, muchas veces transmitida por generaciones pasadas, contribuían a la carga que tenían que sobrellevar en sus vidas diarias.

Volvíamos a las 8 de la noche, o las 12 de la noche. En la noche hacía tamales, me traían maíz. Después recién me iba a mi casa a dormir. Todo esto en la casa de los patrones. Y también en el chaco de nosotros pedíamos permiso una semana y yo iba a sembrar, a cosechar, hacer cumanda (Comunaria de Itakise, CCCH).

Ellos comían trigo, arroz, fideos, cuando queríamos arroz lo anotaba que queremos un kilito de arroz, y la deuda seguía aumentando. A mí me da miedo ahora deber, yo ya no puedo deber, cuando uno debe yo pienso que uno tiene que trabajar y esclavizarse. Ahora ya no somos tan fuertes, ahora ya nos quema el sol. (Comunaria de Huirasay, CCCH).


La jornada laboral de las indígenas iniciaba entre las dos y tres de la madrugada, con la amenaza de ser castigadas en caso de no cumplir con el horario. A partir de ese momento empezaban a acarrear agua y moler el maíz para preparar la comida servida a los trabajadores del campo. Vale apuntar que los hombres empezaban a trabajar más tarde, a eso de las 6- 7 de la mañana. La vida laboral de una mujer era sujeta a una organización y disciplina estricta, la ausencia de un día significaba la pérdida de pago semanal.

Mi mamá se levantaba a las 3 de la mañana cuando le tocaba cocinar para los peones y sus quehaceres terminaban a las 6 de la tarde, además las mujeres sembraban maíz y cumanda. (Comunaria de Laurel, CCCH).

El patrón era malo cuando no nos levantábamos temprano iban hasta nuestras casas y nos levantaban agua nos quería echar (Comunaria de Huirasay, CCCH).

Dependiendo de la división del trabajo establecida por el patrón, las mujeres cocinaban para la familia de hacendados o para los peones, y caminaban varios kilómetros llevando alimentos a los chacos donde trabajaban los hombres. Las que en un determinado momento cumplían con su turno de cocineras, pasaban seguidamente a realizar otras tareas, asignadas por el patrón como la crianza de animales o la agricultura.

Cuando era chica, mi mama me contaba sobre sus trabajos. Cuidaba los terneros, ovejas. Tenía 5- 6 años. Se acordaba que las mujeres cocinaban, llevaban la comida en la cabeza, latas quemándose. Llevaban la comida para los hombres que estaban trabajando, molían el tacú a diario. (Comunaria de Casapa, CCCH).

Mi mamita me contaba que las mujeres ayudaban en la siembra del maíz, los hombres cavaban y las mujeres ponían la semilla y enterraban. También hacían la limpieza de la casa, se turnaban unas cocinaban para los peones, otras para los patrones, otras hacían limpieza, cuidaban a los hijos, esa era la vida de las mujeres. (Comunaria de Laurel, CCCH).

Nuestras manitos llenas de sangre de carpir y de trabajar en el campo. Las manos sangraban por el frío. Para lavarse la ropa tenia que ser el día domingo. Todo el trabajo era para ellos (Comunaria de Itakise, CCCH).

El día de trabajo terminaba por lo general a las 6 de la tarde, con la excepción de las sirvientas quienes tenían que estar pendientes de las necesidades de la familia del dueño a veces hasta muy tarde en la noche.

Las familias tenían permiso para descansar el día domingo aunque algunas mujeres eran obligadas a seguir atendiendo a los patrones y otras aprovechaban ese día para trabajar en los chacos familiares. En su “tiempo libre” se dedicaban a atender las necesidades de sus familias: El domingo era el día libre pero no descansaban porque lavaban la ropa de los hijos. (Comunaria de Huirasay, CCCH). Cuando las trabajadoras no aparecían en la hacienda el día lunes el patrón (...) venía a llevarlas a chicotazos (Comunaria de Mandiyuti, CAP).

Aleksandra Bergier, Observatorio de DDHH y Conflictos Socioambientales

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