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28.4.10

La mesa rebelde: un espacio necesario de denuncia y reflexión

El pasado jueves, 22 de abril culminó la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra, el mega evento convocado por el presidente Evo Morales ante el fracaso de la Cumbre de Copenhague el año pasado.
Su realización fue marcada por la instalación de la mesa 18 “Derechos Colectivos y Derechos de la Madre Tierra, “la mesa rebelde” denominada así por los sectores oficialistas.
La cobertura que se dio en la prensa a este evento y el análisis que se realizó sobre su funcionamiento al margen de la cumbre climática giró en torno al aprovechamiento de su carácter “subversivo” por parte de la derecha y la falta de su reconocimiento por parte de los sectores gubernamentales.
Según el Vicepresidente Alvaro García Linera no existía una mesa 18, fue un “club” de las ONGs y no se va a considerar sus resoluciones. La Conferencia Mundial de los Pueblos sobre Cambio Climático y Derechos de la Madre Tierra sólo tomó en cuenta las 17 mesas oficiales. Si bien el Vicepresidente acusó la mesa 18 de ser manipulada por las ONGs, no le otorgó ninguna importancia al contenido del debate iniciado en este espacio sobre la necesidad de poner en práctica el discurso ambientalista del presidente Evo Morales. Tampoco comentó las denuncias sobre las violaciones sistemáticas de los derechos colectivos de las comunidades afectadas por las industrias extractivas y los megaproyectos en Bolivia, y principalmente sobre la constante violación del derecho a la consulta previa, libre e informada por parte de las autoridades estatales. Es importante resaltar que estas denuncias fueron hechas no por las ONGs pero por las autoridades orgánicas, representantes de las poblaciones que sufren por el desarrollo de las actividades extractivas en sus territorios, entre ellas el CONAMAQ (El Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullasusuyu, la OPIM (Organización del Pueblo Indígena Mosetene), el Consejo Indígena Sur- Tipnis y la FRUTCAS (Federación Regional Única de los Trabajadores Campesinos del Altiplano Sud).
El objetivo del evento, deslumbrado por el show mediático, fue el de visibilizar la situación de las comunidades que están obligadas a aguantar las enfermedades producidas por la vida en el medio ambiente contaminado donde empiezan a faltar los recursos hídricos saqueados por las empresas mineras y mueren los animales de cría. En “La mesa rebelde” se abordaron los casos emblemáticos relacionados con los conflictos socio-ambientales en Bolivia: la exploración petrolera en el bloque Lliquimuni del norte de La Paz, las actividades mineras en Corocoro, provincia Pacajes, el caso de la empresa San Cristobal en Potosí, el proyecto minero de Mutún en la región de Chiquitanía y Pantanal boliviano, la construcción de la carretera Villa Tunari- San Ignacio de Moxos y la actividad hidrocarburifera en la TCO guaraní Charagua Norte entre otros.
Se prestó especial atención al tema IIRSA (Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana) que comprende la ejecución de 510 mega-proyectos. Los participantes consideraron que Bolivia es uno de los países más afectados por la realización de la iniciativa dado que hay siete ejes de este megaproyecto que atraviesan su territorio. Señalaron que las empresas transnacionales son los principales responsables del saqueo de los recursos hídricos, lo que pone en peligro la soberanía nacional.
En el contexto de IIRSA llama la atención el argumento que presentó el gobierno para justificar la no habilitación de la mesa 18 dentro del programa oficial de la conferencia: los conflictos socio-ambientales son temas internos que no deberían ser tratados en un evento internacional. Sin embargo, la mesa 18 demostró que estos conflictos tienen un alcance que va más allá de las cuestiones domésticas porque ilustran procesos que afectan a todo el continente. El mallku de las industrias extractivas del CONAMAQ y uno de los impulsores del evento Rafael Quizhpe señaló que la mesa fue un espacio del debate abierto para analizar tanto los problemas nacionales como internacionales y discutir sobre los modelos de desarrollo alternativos al capitalismo y socialismo:”Los 500 proyectos de IIRSA no se encuentran solamente en el territorio boliviano. El capitalismo y socialismo ambos son modelos extractivistas y violan los derechos de los pueblos indígenas. Los pueblos indígenas no podemos ser parte ni cómplices de este proceso. El CONAMAQ no está en contra de esta cumbre, somos impulsores, la cumbre tiene darse pero también se tiene que tratar el tema de los conflictos socio- ambientales y tiene que haber coherencia entre el discurso y la práctica”.
Uno de los principales mensaje de la Cumbre fue un fuerte rechazo del sistema capitalista como el principal causal del cambio climático. Los casos emblemáticos presentados en la mesa 18 justamente ilustran el agotamiento del sistema neoliberal, evidencian las causas estructurales de los conflictos socio-ambientales así como los principales obstáculos que aparecen en la transición hacia un modelo alternativo, el reto que se propuso Bolivia en el momento de aprobar la NCPE. En este contexto, es muy importante recordar el planteamiento de la reconocida investigadora del movimiento anti-globalización quién respaldó la conformación de la mesa 18, Naomi Klein. La canadiense afirmó que no sería justo esperar que Bolivia sea un país perfecto, una utopía: “Esto no sería justo, no podemos decir esto sobre ningún país. Claro que hay conflictos, siempre van a haber conflictos, pero se trata de cómo los manejamos”. Klein felicitó a los participantes de la mesa rebelde por su coraje y resaltó la importancia de este espacio del debate: “Es muy fácil criticar a los gobiernos de la derecha pero muy difícil criticar a los gobiernos que están a nuestro lado. He venido por la invitación del presidente Evo Morales y porque estoy muy inspirada por la visión que está proponiendo. Sin embargo, no veo ninguna contradicción en estar inspirada por el presidente pero también estar acá, participando en esta mesa”.
Al admitir que Bolivia tiene sus propias contradicciones en el proceso de transición hacia un nuevo modelo del Estado, Evo Morales podría haber reforzado su autoridad moral como el defensor de la madre tierra en la lucha contra el cambio climático así como haber fortalecido y promocionado la recuperación y valorización de las prácticas ancestrales ecológicas que puedan contribuir a enfrentar este desafío y asegurar la soberanía alimentaria. El presidente recomendó a los impulsores de la mesa la prudencia y calma para que los grupos de derecha no aprovechen para empañar la Cumbre Climática y para no difundir los mensajes diferentes a las que pretendía generar la Conferencia. Sin embargo, fue la falta de voluntad del gobierno para reconocer los espacios de debate que tocan los temas conflictivos y controversiales así como la atribución de la homosexualidad al consumo de pollo transgénico hecha por el presidente que probablemente haya afectado la legitimidad de la Conferencia Mundial mucho más.
Fuente: Observatorio de Derechos Humanos y Conflictos Socio-ambientales.

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