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4.3.10

S.O.S. Biodiversidad

Vivimos en estrecha interrelación con la naturaleza, pues somos parte de ella. Nuestro vínculo va mucho más allá que el simple disfrute de la sombra de un árbol en el banco de un parque, o escuchar el ruido que hacen las aves anunciando la salida del sol.
Pero a veces fallamos en la convivencia con el medio ambiente y solo damos valor al jardín que adorna la fachada de nuestras casas, e inmisericordes, convertimos los ríos y los mares en vertederos de basura o de productos químicos, y para obtener mejores siembras no hacemos un manejo adecuado de la tierra y de los recursos hídricos.
Resulta innegable que somos responsables de la actual y acelerada pérdida de biodiversidad en el mundo. Su crisis tiene un fuerte impacto en la salud humana, la seguridad alimentaria, la vulnerabilidad a los desastres naturales, el acceso al agua potable o a las materias primas.
La situación es compleja y su solución requiere acciones concretas y urgentes, pues los daños a la biodiversidad se revierten sobre el ser humano, quien al no respetar el equilibrio en los ecosistemas (unidad compuesta de organismos interdependientes que comparten el mismo hábitat) provoca cambios perjudiciales en ellos.
Problema in crescendo
Justo la crisis que padece la biodiversidad fue tratada recientemente por expertos reunidos en Ciudad del Cabo, Suráfrica. Según ellos la extinción de especies se produce en la actualidad a un ritmo 100 veces mayor que antes del período preindustrial.
Lo peor es que esto, en lugar de minimizarse, continuará en aumento, declaró a la prensa Georgina Maces, vicepresidenta del grupo científico Diversitas, creado en 1991 con el propósito de ayudar a maximizar el impacto de las iniciativas que se realizan a nivel mundial para proteger la biodiversidad.
Fenómenos como la contaminación ambiental, el crecimiento de las ciudades y el aumento de la temperatura media global constituyen los principales riesgos para la estabilidad de ese soporte del Planeta.
Grande es el listado de especies en peligro, encabezada por las que viven en agua dulce como los cocodrilos, ranas, tortugas y algunos peces, cuyo ritmo de desaparición es seis veces más rápido que el de animales terrestres y marinos.
Entre otros factores que los ponen en riesgo se halla la pérdida del caudal de los ríos, que es menor a la que había hace medio siglo a causa, entre otros factores, de su mal uso para regadíos.
Estos problemas y su efecto sobre las generaciones venideras se trataron en la reunión en la Ciudad del Cabo, y más tarde en Kobe, Japón, donde se efectuó el pasado octubre el Diálogo sobre Biodiversidad, el cual continuará en la X Conferencia de las Partes de la Convención de Diversidad Biológica, que tendrá lugar en Nagoya, en el mismo mes de este año.
En lo que coincidieron los más de 300 participantes en la cita que tuvo lugar en la ciudad nipona es que, si el daño a la biodiversidad continúa al ritmo actual, el objetivo de frenar su pérdida para el 2010 no podrá cumplirse.
Algunos progresos han sido posibles debido a la colaboración de organizaciones industriales y varias compañías para incentivar la conservación, pero esa meta debe postergarse hasta la próxima década, indicó Jane Smart, del Grupo de Conservación de Biodiversidad de la IUCN (Unión para la Conservación de la Naturaleza).
¿Luz al final del túnel?
Un mensaje alentador para el futuro lo divulgó recién ese organismo en una reunión internacional efectuada en Londres. Con ayuda de tecnología satelital fueron identificadas extensiones de bosques con potencial para la reforestación más grandes que Canadá.
La restauración de algunas de esas tierras boscosas podría ser alcanzada sin perjudicar otros usos del suelo como la producción de alimentos.
La Sociedad Global en la Restauración del Bosque (The Global Partnership on Forest Restoration, GPFLR) sostuvo que las necesidades y los derechos de los indígenas y de otras poblaciones dependientes de los bosques deben ser respetadas al considerar el proyecto de restauración.
El director del organismo, Tim Rollimson, indicó que con el aumento de la población global de aquí al 2025 la presión sobre todos los recursos naturales será inmensa y la superficie boscosa continúa disminuyendo.
Lo positivo en medio de esta situación es que se sabe cómo restaurar los bosques y está identificado dónde hacerlo, señaló Rollimson.
Un análisis preliminar realizado por los expertos indica que para el 2030 la restauración de las tierras degradadas hará la misma contribución a la reducción de los gases de efecto invernadero que se podría esperar por evitar la tala de árboles.
La posible restauración de los bosques en extensiones que representan un millón de millones de hectáreas podría ser una luz al final del túnel en la protección de la biodiversidad.
Lo que hace falta es que no se apague esa lucecita y por eso la comunidad científica lanza un S.O.S. a los líderes mundiales para que adopten estrategias de preservación viables de ese sostén del Planeta.
http://www.prensa-latina.cu/index.php?option=com_content&task=view&id=165299&Itemid=1

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