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17.8.09

Asentamiento: En Bienvenido se siembra sueños y esperanzas

Un campamento de ochenta carpas se abre paso en medio de la amazonia boliviana en el departamento de Pando, en la comunidad conocida como Bienvenido. En las astas de cada vivienda improvisada, flamea la tricolor nacional junto a la bandera pandina; sin embargo, por encima de éstas, a lo alto, se impone la Wiphala, un símbolo andino.

En Bienvenido la tierra no ha sido trabajada. La falta de agua se siente a mares, ante la fuerte temperatura en la región, que en la primavera llega hasta los 40 grados. Un panorama desolador se ve en el sector, pese a la reciente llegada de familias de diferentes departamentos del país, como parte del plan de asentamientos humanos que el gobierno del presidente Evo Morales inició hace una semana, para el cuidado de la frontera con Brasil.

Hombres, mujeres y niños, empiezan una nueva vida en Bienvenido, augurando días mejores. Las personas de la tercera edad, también se arriesgan a ser parte de esta travesía. Juan Quenta llegó de Santa Cruz, hace cinco días, dice estar acostumbrado a vivir de forma precaria.

El campesino, de 70 años de edad, trabajó la tierra toda su vida y heredó esta habilidad de sus padres, quienes, antes de la revolución de 1952, se dedicaron sin cesar a labrar la tierra para los hacendados de entonces. “Yo aprendí de pequeño, mis padres me enseñaron, ellos sufrieron mucho, trabajaban la tierra para personas extranjeras…esta es mi oportunidad de contar con una tierra propia, a mi edad todavía puedo”, cuenta.

Con sus manos callosas y quemadas por el sol, clava en el suelo una vara que sujeta la tricolor nacional, marcando de esa forma su terreno. Empieza a extender el forro de la carpa, tomando las cuatro puntas, concluye y mira su labor. “Quería que mi hijo viniera conmigo, pero es chico de ciudad, no se arriesga”, asegura y lamenta Juan.

Como él, las trescientas cincuenta personas que llegaron al lugar ya hicieron lo mismo, empiezan a poner orden en medio del desorden. Ropa amontonada en el suelo será la cama sobre la que dormirán. No hay nada más dentro, sólo están las siete personas y sus pertenencias.

Sobre la tierra

El sueño de Olimpia Barrientos, quien llegó de Cochabamba con sus nueve hijos y su esposo, confesó, mientras prepara la comida en su cocina improvisada: una pequeña fosa en el suelo, donde la leña es consumida de apoco por el fuego, que su sueño es vivir de la agricultura y tener una granja.

“Quiero que mis hijos tengan una casa propia, aquí podré tener mi propia granja de animales y viviré de la agricultura”, manifestó.

La tierra en Bienvenido no ha sido cultivada, aún los árboles se imponen a lo largo y ancho de este sector. “La siembra de yuca es lo único que puede dar en esta tierra, la fruta no”, comentan lugareños de comunidades cercanas a Bienvenido, que llegaron a la zona para dar el recibimiento a sus nuevos vecinos.

Cerca corre un río y la gente optó por el consumo y uso de esas aguas, que serán desviadas para formar los riegos para los futuros sembradíos en el lugar, aseguran. La extracción de goma y la recolección de castaña, son otra alternativa para la sobrevivencia. “Aquí recogeremos la castaña, aquí tenderemos más oportunidades”, cuenta Antonio Mamani.

A medio día la olla común reúne a todos, formando una serpiente que remueve la tierra a su paso. Los niños son los primeros en recibir la comida a base de arroz, yuca, un trozo de carne con una ensalada de verdura, consistente en zanahoria y cebolla.

Casas de madera por carpas

Dentro de poco las carpas serán reemplazadas por casas de madera. Cerca al campamento están apilados troncos, que fueron incautados de un aserradero ilegal, donde se levanta la nueva comunidad, que dentro de poco llevará el nombre de Bernardino Racua, campesino fallecido en la masacre del Porvenir.

Sólo dos baños para trescientas cincuenta personas, con fosas sépticas, son las que habilitaron para los nuevos asentados. El temor ante una posible lluvia y que lave el lugar es otra de las inquietudes de las familias trasladadas al lugar.

“Tenemos que pedir mejores baños, las carpas también nos son seguras, si las lluvias llegan se van a llevar”, dijo Max Tancara, oriundo de Potosí.

Por lo pronto, la población del lugar se resigna a vivir en medio de carencias. La falta de energía eléctrica hace que las noches sean eternas. La instalación de generadores de energía será de gran ayuda, al igual que las antenas de telecomunicación, para el contacto con el resto del país.

http://www.erbol.com.bo/noticia.php?identificador=2147483918407&id=1

 

 

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