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24.2.11

El INRA encubre a la maderera Mabet en base a recomendaciones de Usaid

“Ninguneando” a los PacahuaraWilson García Méri

“Deberíamos ser más responsables para hablar con la suficiente información de modo tal que no le estemos faltando el respeto a estos pueblos”, dijo el director nacional del Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA) Juan Carlos Rojas Calisaya, al finalizar una entrevista con el periódico colega Cambio publicada el 23 de febrero, en clara alusión al informe emitido por Sol de Pando respecto a la expulsión sufrida por la nación Pacahuara de su territorio originario a orillas del Río Negro, en jurisdicción pandina.

En dicha entrevista, Rojas no agrega nada nuevo a lo informado por Sol de Pando y simplemente se limita a repetir los argumentos que el Inra bajo su dirección y los propietarios de la empresa maderera Mabet —ambos en componenda— arguyeron durante el juicio de Acción Popular que en octubre del 2009 les había instaurado la Central Indígena de Pueblos Originarios Amazónicos de Pando (Cipoap). Ya entonces el Inra y Mabet dijeron que detrás de la demanda indígena existía un grupo de “comunarios-loteadores” a la cabeza de un tal Armando Paz, un beniano de Santa Ana que al parecer quiso sacar tajada de la vulnerabilidad de los Pacahuara para obtener beneficio propio. Sol de Pando no ignoró ni omitió esa parte de la argumentación esgrimida por el Inra y Mabet en su confabulación judicial contra los Pacahuara. En la versión de nuestra nota publicada por el mismo periódico Cambio, se lee:

“El juez falló a favor de la empresa maderera con el apoyo del Inra y la ABT, según afirma un artículo de Sol de Pando. Para la determinación se arguyó que detrás del reclamo de los indígenas para ocupar las tierras cedidas a la empresa maderera se hallaba un grupo de loteadores que se hizo pasar por tacanas”.

Mas el problema de fondo no es la codicia oportunista de un ex chofer de una ONG llamado Armando Paz, cuya perversa presencia en esta historia les resulta providencial a Mabet y sus encubridores. El problema principal es que Mabet ocupa una concesión sobre el territorio originario de la nación Pacahuara, erróneamente definida por el Inra como Reserva Fiscal Disponible. Y la mayor gravedad de aquel problema es que Mabet viene destruyendo ese territorio originario de los Pacahuara con una sobre-explotación de maderas preciosas e incursionando ilegalmente en la producción intensiva de castaña, ante el silencio también cómplice del Ministerio de Medio Ambiente y Agua. Sobre estos aspectos es que Juan Carlos Rojas debería brindar información responsable, en respeto a nuestros pueblos originarios.

Además, aclaremos, no es cierto que Armando Paz “se hizo pasar por Pacahuara”, fingió ser Tacana, que es distinto; entonces el titular del periódico Cambio: “Comunarios se hacen pasar por pacahuaras para pedir tierras”, carece de rigor. Ambas naciones comparten una misma raíz lingüística, el Pano, pero se diferencian nítidamente tanto por su apariencia física como por su modo de vida. Los Tacana son un pueblo visibilizado, contactado, sedentario, integrado a la “civilización” como pueblo agrícola; y en cambio los Pacahuara son una nación clandestina recolectora y selvática, nómada, invisible, aislada, no contactada, en altísimo riesgo de extinción, casi extinta ya, por obra y gracia de funcionarios venales e irresponsables como el señor Juan Carlos Rojas, cuya ideología deja mucho que desear.

Concesión inconstitucional
Rojas defiende a rajatabla una concesión inconstitucional para favorecer a una empresa maderera que goza de extraños privilegios en algunos niveles del actual régimen. Mabet exporta madera procesada (muebles) a Chile, Estados Unidos, Europa, Malasia y Canadá, según su publicidad oficial.

El Inra ha cometido un pecado constitucional inconfesable: declaró Reserva Fiscal Disponible a un territorio indígena que ya había sido criminalmente invadido durante la dictadura de Banzer en los años 70. Este territorio debió ser adecuadamente preservado por el Estado Plurinacional para sus antiguos dueños originarios como una Reserva Fiscal No Disponible, es decir como un Parque Nacional, como un Santuario Pacahuara.

La concesión maderera a Mabet en territorio Pacahuara, y la Ley Forestal que legitima esa presencia depredadora en el bosque indígena, vulneran el artículo 33 de la Constitución Política del Estado Plurinacional de Bolivia, que estipula:

Las naciones y pueblos indígena originarios en peligro de extinción, en situación de aislamiento voluntario y no contactados, serán protegidos y respetados en sus formas de vida individual y colectiva.

Las naciones y pueblos indígenas en aislamiento y no contactados gozan del derecho a mantenerse en esa condición, a la delimitación y consolidación legal del territorio que ocupan y habitan.

Juan Carlos Rojas es responsable de violar aquellos preceptos constitucionales, siguiendo una política depredadora impuesta por la Agencia de Cooperación de Estados Unidos para el Desarrollo (Usaid) que a través de una ONG norteamericana “recomendó” la “transferencia” de la concesión en tierras de origen Pacahuara a Mabet.

En vez de revertir una política devastadora que data desde las épocas de la dictadura banzerista, el Inra “aprovechó” el exilio forzado que sufrieron los Pacahuara desde los años 70, para favorecer a la empresa Mabet siguiendo los criterios dictados por la ONG “certificadora” Rainforest Alliance, socia de Usaid dentro un programa financiado por esta agencia norteamericana denominado “Iniciativa para la Conservación en la Amazonía Andina”.

En noviembre del 2007, Rainforest Alliance emitió su informe de “Evaluación para la Certificación del Manejo Forestal de la Maderera Boliviana Etienne S.A. (Concesión Forestal Mabet) en Pando, Bolivia”.

En dicho informe, la ONG norteamericana justifica el no pago de impuestos por parte de Mabet al Estado boliviano, niega que esta tierra hayan pertenecido “a la etnia Chacobo” (son recurrentes las “confusiones” que tienden a negar la existencia de los Pacahuara), recomienda aplicar severas medidas de seguridad para impedir “el avasallamiento de extraños” e indujo a que, además de la específica actividad maderera, Mabet se beneficie también con la “explotación compartida” de la castaña, que es la principal riqueza en este territorio que pertenece desde hace incontables siglos a la nación Pacahuara (en 1795, comisionado por el Gobernador de Moxos Miguel Zamora Treviño, el padre Francisco Javier Negrete llegó a este “país pacaguara” que contaba con miles de habitantes “caripunas” ocupando más de la mitad del territorio dentro el actual norte amazónico de Bolivia).

La “certificación” emitida por Rainforest Alliance para consolidar una concesión maderera en las riberas del Río Negro es aceptada por el Inra para justificar el despojo, a todas luces ilegal ya que Mabet —que recibió la “transferencia” de otra poderosa maderera (Cimagro)— no calificaba para acceder a esa “concesión en tierra fiscal”, pues su actividad principal, hasta antes de la cuarta concesión que obtuvo en una década, no era precisamente la explotación de madera, sino la fabricación de muebles. Hasta el 2006, “Maderas Bolivianas Eteinne” tenía certificación oficial como fábrica de puertas, de casas prefabricadas y de pisos parquet; su principal mercado interno se concentra en el rubro de casas prefabricadas con el uso de ilegales maderas pacahuaras.

La mueblería de la familia Etienne se convirtió en la mayor concesionaria de bosques sobre la zona más rica en biodiversidad de nuestro norte amazónico, abarcando una superficie total de 122.744 hectáreas, y además en la principal proveedora de casas prefabricadas incluso a entidades del actual Gobierno.

El primer derecho de concesión le fue otorgado por el Estado boliviano en julio de 1997 (a inicios del gobierno civil de Hugo Banzer Suárez), por un periodo de “40 años prorrogables”. Según datos que difundió el Instituto Boliviano de Comercio Exterior (Ibce), actualmente Mabet posee cuatro inmensos aserraderos en la concesión forestal “Los Indios” (una de las cuatro concesiones forestales “saneadas” por el Inra que dirige Juan Carlos Rojas). Tiene una oficina comercial en La Paz (y un lujoso proyecto de casas prefabricadas en el barrio San Miguel de la zona sur), una planta de secado y predimensionado en Riberalta y dos plantas industriales en El Alto.

El éxodo forzado al Beni
En la citada entrevista, el Director del Inra asegura desconocer la presencia de miembros de la etnia Pacahuara en los entornos de la concesión forestal entregada a Mabet. “Hay que aclarar que en esta comunidad no existe ningún indígena pacahuara”, afirma Juan Carlos Rojas, falseando la verdad.

Está demostrado que cinco familias Pacahuara (probable avanzada de un grupo esperemos mayor) encabezadas por el nómada Buca Yacu, se han desplazado desde su refugio chacobo en la provincia Vaca Diez del Beni, hacia esta zona de Pando (provincia Federico Román), su territorio ancestral y originario, hoy adueñada por la “maderera” Mabet.

Durante casi tres décadas, los Pacahuara fueron obligados a abandonar su territorio original en Pando, a orillas del Río Negro (ahora ocupado por Mabet) para ser “alojados” entre sus parientes lejanos de la etnia Chacobo, en el Beni. Misioneros norteamericanos del Instituto Lingüístico de Verano (ILV) los trasladaron en avionetas hacia el Beni con el pretexto de “salvarlos” de un genocidio sistemático que, en los años 70, les era perpetrado por madereros y barraqueros (productores de castaña) que apadrinados por la dictadura de Banzer codiciaban aquellos exuberantes bosques de Pando. Sacando partida del pavor que les impusieron los empresarios banzeristas en el bosque invadido, los misioneros del ILV convencieron a los Pacahuara, con engaños, para ser “relocalizados” a tierras chacobas del Beni, en Alto Ivón. En un magnífico reportaje de la periodista Gisela López Rivas publicado por El Deber de Santa Cruz el 28 de agosto del 2004, el anciano pacahuara Caco Morán narró que “esa vez, los Chacobo se pusieron de acuerdo con los gringos para aceptarnos a los Pacahuara”.

En la comunidad mixta que los norteamericanos forzaron en el Beni juntando a Chacobos y Pacahuaras, se producía un desequilibrio numérico desfavorable para la tribu pandina, que en el momento del reportaje de campo realizado por El Deber se redujo a 11 familias, frente a 40 familias de sus anfitriones beniano-chacobos.

Jamás los Pacahuara se habían resignado a abandonar definitivamente su territorio originario en la provincia Federico Román de Pando, a orillas de su entrañable Río Negro que les señalaba su ruta nómada. En toda la cuenca amazónica desde Colombia al Perú y Ecuador, pasando por Brasil y Bolivia, los ríos de aguas negras, al igual que las cachuelas, son inconmesurable fuente de vida y de vastas riquezas naturales. Los Pacahuara creyeron que el momento de retornar a su territorio natal en ese punto paradisiaco de la biósfera, después de 30 años de un exilio forzado, había llegado con el advenimiento del Estado Plurinacional. Mas no sospecharon que instituciones como el Inra y funcionarios como Juan Carlos Rojas se habían esmerado en consolidar la concesión de ese pródigo territorio a favor de una voraz empresa maderera, como en las épocas de Banzer.

El retorno bloqueado
Juan Carlos Rojas niega rotundamente toda posibilidad de vida Pacahuara en el Río Negro. No le queda otra, su compromiso burocrático es con la maderera Mabet. Aunque admite que hay un grupo vagando por los bosques de la provincia Federico Román de Pando, y que “probablemente se mueven hacia el Brasil”, especuló en la entrevista con Cambio.

En el libro “Sobre Antropología de urgencia en Bolivia: Pueblos étnicos en situación de vulnerabilidad y aislamiento”, publicado en el 2004, Álvaro Diez Astete informa: “Ahora se recibe diferentes versiones sobre la existencia de un grupo de familias Pacahuara no contactadas (serían 50 personas), que se encuentran entre los ríos Negro y Pacahuaras, en el municipio Santa Rosa de Abuná, en la provincia Federico Román, dentro de concesiones forestales y cerca de la frontera con el Brasil”.

El antropólogo Carlos Camacho Nassar, en su libro “Entre el etnocidio y la extinción: Pueblos indígenas aislados, en contacto inicial e intermitente en las tierras bajas de Bolivia”, que se publicó en julio del 2010 (hace menos de un año), informa que “en el norte del departamento de Pando, frontera de Bolivia con Brasil, existirían grupos Pacahuara que pueden llegar a cinco familias, en el municipio Santa Rosa de Abuná. Poco protegidos, contacto inminente, ya que la Capitanía Chacobo-Pacahuara estaba buscando contacto en 2005”.

Por su parte Pablo Cingolani, en su libro “Amazonia blues. Denuncia y poética para salvar a la selva” que se publicó también en el 2010, registró testimonios de campo entre zafreros dedicados a la recolección de castaña en los alrededores de los ríos Negro y Pacahuara, quienes aseguran haber visto “huellas, cortes de rama en senderos y de señales de advertencia (palos cruzados)”, lo cual sería indicio inequívoco de que los Pacahuara merodean la zona. “En la mente de los trabajadores de la castaña, parte del proletariado agrario del Norte Amazónico, existe la convicción firme en la existencia de Pacahuaras al interior de esta selva”, sostiene Cingolani.

“A principios del 2007, rumores de maquinaria incendiada por indígenas con arcos y flechas, renuevan las ilusiones de encontrar con vida la etnia que se caracteriza por llevar los septum nasales”, escribió por su parte el investigador Carlos Arce Castedo, quien logró contactarse en proximidades de la comunidad San Martín de Pacahuara con las familias encabezadas por Buca Yacu y su cónyuge Bosé Yacu, la indígena con el adorno en su septo nasal que confesó a El Deber su decisión de no reproducirse, en auto-perpetración de un dramático suicidio étnico. Carlos Arce fotografió a estos fantasmales Pacahuara y expuso las reveladoras fotos en la ciudad de Cobija, en octubre del pasado año.

Finalmente en el 2009 dieron la cara reclamando su territorio originario en la provincia Federico Román de Pando. Buca Yacu tomó contacto con la Cipoap pidiendo auxilio y exigió el retorno de su pueblo a su tierra madre. No es culpa de ellos que en medio se hayan infiltrado “falsos tacanas”.

La Cipoap y varias instituciones preservacionistas formaron una comisión que se dirigió a la zona ocupada por la empresa Mabet y descubrieron el horror: "Lo que encontramos en ese territorio de la patria excede nuestra capacidad de sorprendernos e indignarnos”, dijeron. La empresa Mabet, en flagrante e impune violación de la Ley del Medio Ambiente, había represado el lecho del Río Negro con troncos de castaña, goma y palmito ilegalmente talados, habilitando un “camino” que permitía a los camiones tronqueros cruzar ese río en forma expedita. La fauna piscícola (en este río habitan bufeos), aves y mamíferos perecieron debajo de los troncos apilados. Se tomaron fotos de aquel desastre, y fueron presentadas como prueba en el juicio de Acción Popular que instauró en la Corte Distrital de Cobija. Entonces también Buca Yacu se dejó fotografiar.

Según el Inra y Mabet, aquellas fotos no prueban nada; además que Mabet está amparada por la Ley Forestal y “todo ya está saneado”. Y por si fuera poco, los Pacahuara “no formalizaron su solicitud de tierras”.

En sus declaraciones a Cambio, el director nacional del Inra afirma que el Viceministerio de Tierras viene considerando reconocerles a los Pacahuara “algún territorio que les permita seguir viviendo”. Vaya concesión del generoso señor Rojas.

http://www.bolpress.com/art.php?Cod=2011022407

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